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Invitación que liga con razón. Sobre un libro de Danae Diéguez

Por Gustavo Arcos Fernández Britto.

Tomado de:  https://cubaposible.com/invitacion-liga-razon-proposito-libro-danae-dieguez/

Esta es la presentación que hace Gustavo Arcos Fernández Britto para mi libro digital Con la mirada inquieta. Lecturas posibles sobre Género y Cine Cubano publicado por la editorial Cuba Posible. Descárguelo aquí: http://editorial.cubaposible.com/li…/con-la-mirada-inquieta/

CON-LA-MIRADA-INQUIETA-Portada

Varias son las razones por las que este libro en soporte digital, resulta trascendente. Pudiera decirse, en primer lugar, que, en nuestro ámbito, escasean los textos académicos sobre el tema, ¡y aquí encontramos seis por el precio de uno! Así que, la selección nos brinda una magnífica oportunidad de ponernos al día, ofreciendo un poco de luz en una zona donde apenas habían… sombras chinescas.

Luego, tenemos a Dánae Diéguez y su pasión. No se pueden separar. Que ella esté detrás de esta recopilación es una fuerte baza que invita a su lectura y todos los que la conocen saben de qué estoy hablando. Sus agradecidos alumnos de la facultad de medios de la universidad de las artes, los lectores de la plataforma digital Altercine, los miles que asistieron durante años a sus conferencias y talleres sobre el tema, todos los que saben de su activismo, intensidad y consagración en pos de revelarnos lo que hay detrás de una historia, un gesto o una imagen, encontrarán en estas páginas parte de su legado e ideas. Sigue leyendo

Documental y feminismos: Discursos y fronteras

Por Danae C Diéguez

La relación entre las prácticas documentales y los feminismos se ha mantenido en dos líneas fundamentales: aquella que apela a los temas como evidencia de la discusión política que implica la ideología feminista y otra que pone en discusión, la representación de “lo real” que sostienen buena parte de los fundamentos sobre los que se erige el término documental.

Resulta interesante cómo de uno y otro camino han derivado un corpus de obras, que, aunque con intenciones cercanas, parecieran reclamar espacios diferentes de existencias. Más llamativo aún es cómo el apellido feminista queda preterido si de circuitos de distribución se trata, a no ser aquellos festivales que por naturaleza intencionan estos discursos.

Sin embargo uno de las consecuencias evidentes de este tipo de obra, sobre todo de la segunda línea mencionada,  radica precisamente,  en cómo, al poner en crisis la representación de lo conocido como “real”, sus exponentes han pagado un “peaje de invisibilidad” que, aunque les ha ofrecido unas libertades garantizadas de creatividad, sí su ausencia de los circuitos tradicionales de exhibición y distribución es notable y genera, muchas veces, que sus obras estén preteridas como referentes en la creación documental.

Sumado a ello se encuentra la insistencia patriarcal de denostar los feminismos, sobre todo en la línea de subrayar que las luchas de las mujeres y lo que se desprende de los sujetos que reivindican sus espacios y voces, son un grupo de quejas y lamentos por lo no obtenido, cuando desde los estudios feministas sabemos que más que definir al sujeto mujeres, ellos han discutido sobre lo que desde el androcentrismo se ha construido como una suerte universal de qué significa ser mujer.

Así, el documental feminista, propone una mirada desconcertante para hacer visible la arbitrariedad de los modos androcéntricos de representación en los discursos y mostrar así, sus parcialidades y resquebrajar los imaginarios y simbólicos patriarcales[1]. Es la  discusión sobre el modelo hegemónico mujer, sobre todo para quiénes no se sienten incluidas en la gran narrativa falogocéntrista que habita en las imágenes con las que interactuamos constantemente.  En las nuevas representaciones tendrían que aparecer diferentes sujetos y otras formas de enunciación que, como dijimos al inicio, cuestionen la arbitrariedad que desde la hegemonía patriarcal se sostiene como discurso de lo real.

Sin embargo al negarle autoridad al documental feminista y lo que este significa, en tanto su esencia cuestiona representaciones androcéntricas, se invisibiliza la aparición de esas otras realidades que pasan, no solo por los sujetos, sino por los deseos y expresiones que se muestran desde allí. Considerar la discusión como la expresión de un rosario de quejas, insistir en desvirtuarla, es una forma de forzar que ésta permanezca aislada y reducida a un destino marginal, alejado del cambio de paradigma que propone[2].

Este es el contexto en el que habitan estas  representaciones que desde el cine de no ficción se entrecruzan con las propuestas del feminismo. Es, sin embargo importante hacer notar que en estas dos líneas mencionadas, las diferencias están en la forma y quizás ello marca que sus espacios de socialización sean muchas veces incompatibles.

El documental que apela a hacer evidente la denuncia en términos de mostrar la imagen explícita de lo que se reivindica, se ha convertido en un ejercicio de activismo político que ha sido necesario pues le ha dado voz a sujetos, la mayoría de las veces, mujeres, que han estado invisibles en las narrativas tradicionales, estas obras no cuestionan el lenguaje que tradicionalmente ha usado el documental para dar una imagen de veracidad a sus enunciados: apelan a ciertos esquemas ya garantizados de eficiencia narrativa y logran convertirse en discursos que son, per se, un activismo cultural y político.

La otra línea, menos conocida y más cercana a los derroteros relacionados con las renovaciones que hoy le son consustanciales al cine de no ficción, radica en someter a un cuestionamiento profundo las estrategias de representación realistas. Dígase, hacer evidente el dispositivo de manipulación que significa la representación misma del documental y que cuestiona la imagen “real” asumida tal cual.

En términos feministas esto implica poner en crisis los mecanismos que, desde estructuras narrativas tradicionales, nos muestran imágenes que responden a la naturalización misma de un orden establecido. Significa entonces que el lenguaje cinematográfico reconozca otras formas de narrar que impliquen la duda sobre una realidad que ha estado comentada, mostrada, representada a partir de un espejo que proyecta una imagen que generalmente proviene de  un ideario patriarcal, masculino y hegemónico. Más allá de las temáticas “femeninas” importa la operación de desesencialización que se necesita sobre las construcciones de las identidades femeninas, y esa operación se hace evidente no sólo desde los tópicos tratados, sino desde el desmantelamiento de los mecanismos que convierten y hacen parecer una imagen como real. Claro que acá sucede lo que hemos comentado y es cómo en el proceso de calumniar a los feminismos este procedimiento se vuelve incongruente con la idea que sigue jerarquizada de que el documental es una expresión convenida de la realidad y, desde este sentido, la lógica neutralizadora de la institución tradicional considera la ruptura formal que plantean como una imperfección, más que como un valor añadido[3].

Así planteadas las tendencias y complejidades asociadas a las relaciones entre feminismo y documental, sería bueno entender qué pasa en Cuba relacionado con una producción de no ficción que se mantiene en los límites de estas discusiones, desde la crítica audiovisual como desde la práctica creadora, aunque siempre aparecen imágenes y nombres que son la excepción, nunca la regularidad, pero que signan un camino para posibles seguidores y por qué no, también detractores.

Algunas miradas desde el documental cubano

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Cartel del documental En el cuerpo equivocado, de la directora cubana Marilyn Solaya.

Repensar el canon de cine en Cuba desde una perspectiva de género significa, entre algunas aristas, rescatar la importancia que ha tenido el documental en la formación de las directoras. Este género cinematográfico ha sido mayoritariamente desde el que las realizadoras cubanas han dado muestras de valía, y desde el cual  han discursado sus propuestas. Sería entonces necesario cambiar la mirada y posicionar al documental como fin en sí mismo y no como camino hacia el largometraje. Ese pensamiento jerarquizador ha signado la creación cinematográfica en la isla, más allá de las voces emblemáticas en el género de marras. El canon cubano continúa centrado hoy en el largometraje de ficción como fin, pensamiento que al establecer esas jerarquías reproduce arbitrariamente relaciones de poder basadas en los géneros cinematográficos  y que son, a la larga, un orden que las instituciones, deudoras de estructuras patriarcales, reproducen.

Otro elemento que pondera y que debe ser releído es la institución productora de audiovisuales es como el ICAIC se ha convertido en el espacio rector desde donde se parte como referente para hablar del cine cubano.  El término acuñado por el crítico e investigador Juan Antonio García Borrero, “icaicentrismo” alude precisamente a ese fenómeno, dejar de pensar al ICAIC como centro productor para ampliar el diapazón a otros espacios nos permitiría, desde la perspectiva que trabajamos, incluir a las realizadoras que han creado sus obras entre los Estudios Filmicos de las FAR, la televisión, además del propio ICAIC.

Si reconocemos estas aristas que repiensan el canon desde condicionantes en las que las jerarquías no dependen de arbitariedades institucionales, ya el ejercicio mismo de redimensionamiento parte de una mirada feminista. Si a esa mirada macro le añadimos el análisis de propuestas específicas, entonces la relectura se convierte en una suerte de reescritura a los valores que aportan algunas obras y realizadoras desde esta perspectiva.

El documental cubano no ha ensayado con sistematicidad formas de representación relacionadas con la línea explicada en la primera parte, aquella que apela a los reposicionamientos que desde el lenguaje se cuestionan las estrategias de representación realistas. Sin embargo sí ha manifestado una línea en la que el discurso feminista, en el plano temático, asume la voz de las búsquedas esenciales de una ideología que en su esencia última- o primera-  cuestiona las estructuras patriarcales de poder y posiciona otras formas de relacionarnos.

Realizadoras como Belkis Vega[4], Marisol Trujillo y la ya fallecida Sara Gómez, muestran desde diversas aristas derroteros temáticos en los que muchas de las reivindicaciones que los feminismos han planteado se hace evidente en sus obras. No siempre conscientes de que sus demandas y propuestas provienen del feminismo[5], hay, sin dudas,  ejemplos que validan esa relación.

La transgresión de los roles tradicionales de género y lo que conocemos como la división sexual del trabajo, es uno de los temas abordados por Belkis; la relación espacio privado y espacio público y lo que eso significa como metáfora del cuerpo femenino, es afrontado por Trujillo muy bien en Mujer ante el espejo; o la llamada doble jornada laboral y las repercusiones que esta tiene en la verdadera integración de las mujeres a la nueva sociedad socialista, es uno de los tópicos en los que se posiciona Sara Gómez en su documental Mi aporte.

Si mapeamos la obra de algunas realizadoras, encontramos no una línea coherente en este sentido, pero sí síntomas que develan universos que demandan reivindicaciones en las voces de mujeres.  Una directora como Mayra Vilasís que realizó su obra documental entre los años 80 y 90 del siglo XX, tuvo conciencia de las inquietudes y las demandas feministas y pensó más de una vez su obra en este sentido. De  ello da cuenta su documental Esa mujer de tantas estrellas, en la que reivindica a la capitana Adela Azcuy, como  una mambisa que peleó en las guerras de independencia; la obra cobra sentido en la medida que nos hace evidente cómo la historia nos invisibilizó a muchas mujeres que fueron protagonistas en las guerras libertarias. Su mirada escudriña en ese proceso de ocultamiento para, a través de una compleja puesta en escena, revelarnos a una mujer que hizo mucho más que cuidar enfermos en el campo de batalla.

Sin embargo creo que la obra documental más coherente con el pensamiento feminista está en la realizadora Lizette Vila. Pionera en temas prácticamente invisibles en el cine cubano, Vila hace de su obra una constante mirada a los presupuestos que el feminismo enarbola: le da voz protagónica a la primera mujer infectada de VIH en Cuba, a personas homosexuales, trasvestis, transexuales, a personas discapacitadas, obesas; hombres y mujeres con VIH, todas sujetos que habitualmente no contaban sus historias en las pantallas y que, aunque hoy pueden verse con más regularidad, Lizette las (nos) estremece en un primer plano que habla desde la intimidad.

Lizette ha comentado su compromiso con el feminismo, por ello resulta tan importante su documental La deseada justicia, en la que por primera vez mujeres cubanas cuentan mirando a cámara su historia como víctimas de la violencia machista. Esta obra, como otras de la realizadora, se inscriben en esa línea de denuncia, de militancia social en las que se observan su compromiso y su activismo por los derechos de todos los seres humanos, esa búsqueda de la equidad que está en los presupuestos mejores de la cultura feminista.

Vila es un ejemplo de esa línea que explicábamos al inicio en la que el discurso político en la representación se une con un activismo social y cultural del que da cuenta, no solo ella, sino el Proyecto Palomas que lidera. Esta tendencia de la que creo es su exponente más activo, la convierte en una realizadora en la que muchas veces su obra transita por la frontera compleja entre la denuncia y la propuesta visual que la caracteriza: primeros planos, uso de la banda sonora para enfatizar las sensaciones que quiere mostrar, diálogos visuales con obras pictóricas y una dirección de arte bien articulada, que tribute a las muchas veces dura historia que nos cuentan los seres humanos que están hablándonos, interpelando a los espectadores.

En una entrevista que le realizara hace unos años ante la pregunta de si ha encontrado obstáculos como realizadora me comentó: Tengo obstáculos, todo lo que he hecho lo he hecho con mi propia voluntad y algunas personas, también hombres, me han apoyado,  el problema es que los obstáculos están en la falta de reconocimiento y en los juicios que se nos hacen a las mujeres en el mundo del pensamiento, y es lamentable. Por ello mi militancia feminista me ha llevado a trabajar  con los hombres porque siento pesar por ellos, porque han estado construidos en una dinámica y en una estrategia de poder que es ilusoria (…)[6]

Hoy, cuando muchos de los temas mencionados son recurrentes en los documentales cubanos, es justo anotar cómo inició un camino en el que su compromiso con el ideario feminista  la convirtió en una voz comprometida y de referencia.

El documental cubano que apela a representaciones temáticas enmarcadas en las propuestas feministas tiene en estos momentos, en Marilyn Solaya y en el realizador Ernesto Pérez Zambrano[7], dos miradas que ubican a la realización del cine de no ficción- entendido desde los presupuestos esgrimidos- en nuevas dinámicas de representación. Aún, cuando continúan la línea de denuncia y sobre todo de hacer visible situaciones que pasan por las inequidades de género; marcan puntos interesantes que seguirán desarrollándose para enunciar signos que apelen a esa frontera intensa, pero compleja que le es común a una zona del  documental y a los feminismos: el diálogo incesante y cuestionador de la realidad, ese espacio discutible, pero sin el que ni uno, ni otro, pudieran desarrollar sus presupuestos.

Biblografía:

Diéguez Danae C, ¿Miradas de género? Crítica y documental, en:  Espacio ALTERCINE  Agencia de noticias  IPS, Cuba

Diéguez Danae C,  Sin ojo colonizador, como uno más. Ernesto Pérez Zambrano y la realización documental en: http://americasmediainitiative.org/spanish-critics-blog

Selva Marta, Desde una mirada feminista, los nuevos lenguajes del documental en Documental y Vanguardia por Casimiro Torreiro y Josetxo Cerdán (eds). Ed Cátedra. Signo e Imagen, Madrid, 2005 p 65-84

Texto publicado en http://comunicacion.redsemlac-cuba.net/Genero-y-Comunicacion/PERSPECTIVAS/Documental-y-feminismos-discursos-y-fronteras.html, 24 de enero de 2014

[1] Selva Marta, Desde una mirada feminista, los nuevos lenguajes del documental en Documental y Vanguardia Ed Cátedra. Signo e Imagen, Madrid, 2005 p 66

[2] Ibid, ob cit, p 68

[3] Ibid, ob cit, p 70

[4] Belkis Vega proviene de los Estudios Fílmicos de las FAR y es un ejemplo fehaciente de cómo hay que entender el canon cinematográfico desde una perspectiva que incluya a otras instituciones productoras de audiovisuales.

[5] En la mayoria de las entrevistas realizadas las directoras eluden el nombre de feministas.  es el resultado de lo que hemos  explicado de cómo denostar a los feminismos y hacerlos ver como un ismo más que recurre a la queja y al enfrentamiento.

[6] El gusto de escoger lo que quiero hacer.Una conversación con la realizadora Lizett Vila , entrevista concedida a la autora. Publicada en: http://www.cinelatinoamericano.org/texto.aspx?cod=435

[7] Ver el texto Sin ojo colonizador, como uno más. Ernesto Pérez Zambrano y la realización documental en: http://americasmediainitiative.org/spanish-critics-blog, por  Danae C Diéguez