Palabras de presentación de Los cinco anillos de poder: Mártir, puta, bruja, santa y virgen.

Libro de la escritora: Silvia Mansilla Manrique

Por Danae C Diéguez

Texto Publicado en: http://www.cubanartistsaroundworld.com/palabras-presentacion-los-cinco-anillos-poder/

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El libro,  la magia  y yo…  

Estaba segura, pero después de esa llamada que me hicieron hace unos días, estoy convencida: la magia existe. Me llama Yenlys Artiles –con quien hablo pocas veces– y me dice que una amiga quiere yo presente un libro, de ahí a la amiga –Yovana-  y de ahí al libro, de ahí a saber de qué iba y de ahí a conectarme, casi contra reloj con la lectura. Pero… ¿por qué la magia existe? O por qué ahora estoy convencida: bueno, porque soy una mujer feminista medio esotérica, mis amigas y yo nos llamamos brujas y porque además, soy o he sido: santa, virgen, puta y mártir y más… loca, no la del ático, pero loca, y lo digo consciente de lo que soy en este cuerpo físico y en mi cuerpo astral y con todas mis vidas a cuestas.

Pero muy en serio. Aún no me creo cómo llegó este libro a mis manos y la posibilidad de presentarlo o sí… me lo creo solo porque según las leyes místicas, yo Danae, la de la gitana húngara que me acompaña, la académica, activista por los derechos de las mujeres, emigrada y enamorada de la vida que ha practicado kundalini yoga y hecho transgeneracional y toma agua de mar para curarse, tenía que dar con el libro. De alguna forma el libro cayó sobre mí como aquel sobre la vida de María, que cuenta la autora en su novela.

Y ahora les confieso: no sé cómo presentar el libro, admito  que la dimensión de la lectura me ha dejado en un trance con la escritura. ¿Qué libro presento?  ¿El libro de viajes? ¿El libro de esoterismo? ¿El libro de Antropología? ¿El tratado feminista sobre la sexualidad femenina? ¿El libro de historia, el de magia? ¿El libro de ficción? ¿El de testimonio?

Mientras leía Los cinco anillos de poder… mudaba la piel, quizás hasta el aliento, pasé de ser la que un día fue profesora de literatura para ser la maga hechicera que se curó una vez con energía, sentía que como Silvia o su personaje o sus personajes, yo transmutaba, viajaba y en vez de hacerlo hacia afuera, empecé a viajar y a entender lo que los registros afásicos antes de emigrar, me leyeron: este es un viaje interior, un viaje para entender(me). Y ahora digo más: mi viaje para entenderme en este cuerpo físico como mujer: ¿Dónde están las brujas que me precedieron? ¿Las santas heroicas, las putas libres, las magas hechiceras? ¿Las trans que me habitan? ¿Quiénes son esas mujeres que han seducido cada una de mis lecturas y con este libro y a través de Silvia hoy me encuentro?

¿Una novela de mujeres?

 Los cinco anillos de poder… es un libro que muestra sabiduría, esa línea sinuosa que la autora logra sortear entre lo vivencial y lo libresco. La seducción entre la palabra exacta que no divaga, aquella que baila entre las atmósferas disimiles que la novela recrea y que dan con la certeza de las historias. Silvia logra transitar con soltura lo mismo cuando recrea, narra y “ficciona”, que cuando se apega a la historia y cita fuentes y este es, sin dudas, uno de los méritos que la novela exhibe.

Las historias de Silvia son vacíos irrellenables en la Historia con mayúscula, son la necesidad de encontrar los espacios en los que las mujeres han sido poderosas, por eso es un libro que va entre El segundo Sexo de Simone de Beauvoir  –libro clave en el que su autora va desde el psicoanálisis, la filosofía, la biología, la antropología hasta la literatura y el arte–, pasa por el libro de Marcela Lagarde: Los cautiverios de las mujeres; madresposas, monjas, putas, presas y locas, hasta uno que proviene del psicoanálisis como Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pínkola. ¿Por qué leía y conectaba con estos libros fundamentales? Silvia cuenta en primera persona y aunque tiene de todos, ellos sus historias y su capacidad de mostrar lo invisible, de revelar lo oculto, lo no dicho a través de lo personal, la distingue.

Es un libro de viajes místico y poderoso, es una especie de tratado novelado sobre las femineidades. Es la reivindicación desde el Yo narrador femenino de los espacios de resistencia que desde prácticas sumergidas han tenido las mujeres, las resistencias culturales en  los saberes de las mujeres, esos que en muchos contextos solo habitan en las historias mínimas… no en los grandes relatos, y he aquí otro de los méritos del libro:  hacer de las historias mínimas la gran historia, lograrlo sin grandilocuencias narrativas, sino como una gran narradora de cuentos, entre la fábula y el testimonio, casi como una conversación; otro de sus méritos: la cadencia, el tono de su prosa que no renuncia a las atmósferas sugeridas en las que el adjetivo nunca empalaga.

¿Cómo se juntan en una novela tantos códigos narrativos? ¿Cómo transita de uno a otros? Ahí en esa frontera sinuosa que sabe domada, está lo que creo es la apuesta, literariamente hablando, mejor de la novela, lo que su autora maneja con la gracia que hace de su lectura la construcción de un universo mágico, seductor.

Es un libro que empodera. Que asume el lenguaje del feminismo porque reivindica, porque muestra a las mujeres diversas, porque erosiona el poder masculino o al menos la hegemonía masculina, porque apela a otras formas de ser, porque todas somos los cinco anillos, porque la fuerza y la magia nos habitan. Y Silvia lo revela con su propia magia, con esa sabiduría que rezuma cada capítulo. Por momentos creí narraba una mujer muy mayor, después cuando vi la foto de su autora me di cuenta que era una bruja sabia que hablaba a través de sus muchas vidas, no hay otra forma de haber escrito este tratado maravilloso de los poderes femeninos.

Tuve muchas veces la sensación que el libro es en sí mismo una prueba de otra forma de ser, de otro modo de ser posible. El libro no es solo una novela, leerlo es reencontramos con rostros que conviven en nuestros caminos. Los cinco anillos del poder… es lo que Rosario Castellano, la poeta mexicana reclamaba en su poema Meditación en el umbral

 No, no es la solución

tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoi

ni apurar el arsénico de Madame Bovary

ni aguardar en los páramos de Ávila la visita

del ángel con venablo

antes de liarse el manto a la cabeza

y comenzar a actuar.

Ni concluir las leyes geométricas, contando

las vigas de la celda de castigo

como lo hizo Sor Juana. No es la solución

escribir, mientras llegan las visitas,

en la sala de estar de la familia Austen

ni encerrarse en el ático

de alguna residencia de la Nueva Inglaterra

y soñar, con la Biblia de los Dickinson,

debajo de una almohada de soltera.

Debe haber otro modo que no se llame

Safo ni Mesalina ni María Egipciaca

ni Magdalena ni Clemencia Isaura.

Otro modo de ser humano y libre.

Otro modo de ser.

Para ese otro modo de ser están los anillos de la mártir, la puta, la bruja, la santa y la virgen, y todas las mujeres, y las Silvias recordándonos que siempre y por encima de todo “tiene que haber otro modo”.

Epílogo: Amo la capacidad que hemos tenido las mujeres para sobrevivir desde la magia cotidiana, desde esa sabiduría popular preterida en los grandes libros de Historia. Amo cada texto, palabra, gesto que reivindique quiénes hemos sido, amo cada vez que una voz alza la mirada y nos dice que nuestras abuelas, madres, hermanas, hijas, que nuestras amigas, todas, las mujeres trans, las mujeres negras, discapacitadas, todas somos una magia que tiene el poder hoy en el mundo de la paz.

Un pensamiento en “Palabras de presentación de Los cinco anillos de poder: Mártir, puta, bruja, santa y virgen.

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